En las montañas del Himalaya, donde el frío, la altura y la escasez de recursos ponen a prueba cualquier sistema productivo, la ganadería de Nepal atraviesa un punto de inflexión. Durante generaciones, el ganado local ha demostrado una notable capacidad de adaptación a condiciones extremas, pero esa fortaleza biológica se ha convertido en un obstáculo económico para miles de familias que dependen de la producción de leche para subsistir.

Según ha informado la industria ganadera local, las vacas autóctonas nepalíes producen en promedio apenas un par de litros de leche al día, con niveles de grasa y sólidos inferiores a los estándares del mercado. Esta baja productividad ha derivado en protestas recurrentes de ganaderos que no logran cubrir costos ni amortizar inversiones, un problema que se arrastra desde hace más de una década y que refleja una tensión habitual en países en desarrollo entre preservar el patrimonio genético y garantizar ingresos sostenibles.
Ante este escenario, Nepal ha comenzado a explorar una solución que combina ciencia, cooperación internacional y pragmatismo productivo. La respuesta llega desde miles de kilómetros de distancia, concretamente desde la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha. A través de un proyecto liderado por Jersey Overseas Aid, una organización filantrópica especializada en apoyo ganadero, se impulsa el cruce entre vacas locales y la reconocida raza jersey, conocida por la calidad de su leche y su eficiencia productiva.
La elección no es casual. Aunque no es la raza más voluminosa en producción, la vaca jersey destaca por ofrecer leche con mayor concentración de grasa y proteína, además de requerir menos agua y recursos que otras razas intensivas. De acuerdo con especialistas del sector, su rendimiento diario puede rondar los 20 litros, lo que representa un salto significativo frente al ganado local sin exigir condiciones extremas de manejo.
El proyecto, que se desarrolla junto a Project Heifer y la Royal Agricultural Society, contempla un trabajo de cuatro años con cooperativas ganaderas de Nepal. La estrategia se basa en la transferencia de material genético mediante inseminación artificial, con el objetivo de obtener animales híbridos que conserven la resistencia al clima y la altitud, pero con una mejora sustancial en la calidad y cantidad de leche.
Como ha señalado la organización impulsora, la iniciativa no busca eliminar las razas locales ni homogeneizar la ganadería, sino fortalecerla. Además del componente genético, el programa incorpora capacitación en manejo animal, sanidad y prácticas veterinarias, apuntando a aumentar la longevidad del ganado y reducir pérdidas, en un enfoque integral que va más allá del volumen de producción.
El primer nacimiento resultado de este cruce, registrado en mayo de 2025, ha sido recibido como un hito simbólico para el sector. Más allá de su impacto inmediato, el proyecto abre un debate más amplio sobre el futuro de la ganadería en contextos vulnerables al cambio climático y a la presión económica global. Iniciativas similares ya se desarrollan en países africanos como Malawi, Zambia y Ruanda, lo que sugiere que el modelo podría replicarse en otras regiones con desafíos comparables.

En Nepal, la apuesta es clara: encontrar un punto medio entre la identidad genética y la viabilidad económica. En un mundo que exige más alimentos, pero también más sostenibilidad, el cruce entre tradición local y conocimiento global se perfila como una de las respuestas posibles para el campo del siglo XXI.


