En Santiago de Chile, una iniciativa cultural y ambiental está transformando la manera en que se percibe un residuo cotidiano. Bajo el nombre Grabitar, la artista visual Liliana Ojeda inauguró una exposición que convierte desperdicios orgánicos en esculturas y poesía, con el objetivo de provocar reflexión sobre la gestión de residuos y la relación entre el ser humano y su entorno. La muestra, que ha generado atención tanto en ámbitos artísticos como ecológicos, se propone cuestionar la cultura del desperdicio y abrir diálogos sobre sostenibilidad urbana y creatividad.
La idea de trabajar con materiales perecederos, como cáscaras, semillas, hojas y restos de alimento, surge en un contexto donde la gestión de residuos es uno de los retos más urgentes de las ciudades modernas. De acuerdo con especialistas en medio ambiente, los residuos orgánicos representan una proporción importante de la basura doméstica y su manejo inadecuado contribuye a la generación de gases de efecto invernadero en vertederos y a la pérdida de nutrientes que podrían volver a la tierra. Grabitar empuja a ver esos materiales desde otra lente, reconociéndolos no solo como desechos, sino como portadores de vida, memoria y lenguaje estético.

La exposición se desarrolla en espacios públicos y galerías alternativas, invitando al público a interactuar con obras efímeras que cambian con el paso del tiempo, ya que están diseñadas para descomponerse y transformarse. Esto introduce una dimensión vital en el arte: la impermanencia. Las piezas vibran entre lo visual y lo textual, integrando fragmentos de poesía que se entrelazan con la textura y el olor de los materiales orgánicos, generando una experiencia multisensorial única.
Organizaciones ambientales y académicos han destacado que iniciativas como esta pueden servir como puentes entre la ciencia y la sociedad. La sociedad civil está cada vez más consciente de la necesidad de reducir, reutilizar y reciclar, principios que forman parte de la economía circular, un enfoque que busca mantener los recursos en uso el mayor tiempo posible. En este sentido, Grabitar no solo contribuye a sensibilizar sobre la problemática de los residuos, sino que también pone sobre la mesa la pregunta de cómo integrar prácticas sustentables en la vida cotidiana de las personas, más allá de consignas abstractas.
La inauguración de la muestra también ha generado un diálogo sobre el papel del arte en la educación ambiental. El uso de residuos orgánicos como materia prima artística derriba la barrera entre lo funcional y lo creativo, demostrando que soluciones estéticas pueden aportar a la comprensión de temas complejos como el cambio climático, la gestión de residuos y la responsabilidad individual en el consumo. Esta dimensión educativa cobra relevancia en un país como Chile, donde políticas públicas recientes han enfatizado la reducción de residuos sólidos y la integración de la comunidad en iniciativas de reciclaje y compostaje.

Además, la exposición ha convocado a talleres y círculos de discusión en torno al potencial de los residuos para inspirar reflexión crítica. Participan desde estudiantes hasta profesionales de distintos ámbitos, lo que evidencia el interés transversal por repensar prácticas cotidianas.
Grabitar fusiona arte, sostenibilidad y pensamiento crítico en una propuesta que reta la mirada tradicional sobre los residuos. Al transformar lo desechado en poesía y forma, la muestra propone una metáfora potente: en cada resto orgánico puede latir una historia, una idea y una invitación a reimaginar nuestra relación con el planeta y los materiales que forman parte de nuestro ciclo vital.


